AITOR FUNGAIRIÑO: EL HOMBRE DEL FUTURO EN LA NATACIÓN CRIOLLA

“Sin duda voy a estar en los Juegos Olímpicos”, adelanta el nadador de 17 años. (Foto: Cortesía)

Eumar Esaá (A toda mecha)

Su nombre se oía mucho antes incluso de que saltara a las piletas. Era el niño que muchas veces acompañaba a la actriz Carolina Perpetuo, su madre, al set de grabaciones en Venevisión. Comenzó a nadar cuando aún vivía en Venezuela, pero es desde que la familia se residenció en Florida (EEUU) que su talento ha despegado, al convertirse en el criollo más destacado de los que participaron en el Sudamericano Juvenil de Natación en Cali.

En su debut con la selección nacional, esta vez era Aitor el que viajaba acompañado por su madre, que costeó su boleto desde Florida para ver ganar al jovencito que se colgó una medalla de oro, cuatro de plata y una de bronce, además de registrar una marca A y tres B de clasificación a los Juegos Olímpicos de la Juventud.

“Si la reconocen bien, si no, pues nunca pienso en que ella es alguien famoso”, comenta con la reticencia del adolescente que no quiere que sus amigos del colegio vean que su madre lo besa o lo abraza.

“A veces sí me preguntan si ella es la actriz. Pero honestamente yo no ando hablando de quién es ella”. (Foto: Cortesía)

Hace mucho tiempo que Carolina dejó de ser el centro de atención de la familia para convertirse en la asistente del campeón. La que se levanta mucho antes de las cuatro de la mañana para llevarlo a nadar, le diseña la dieta e incluso ha aprendido a dar masajes para aliviar los músculos cansados de su único hijo.

Mucho antes de la salida del sol, hace su batido de cambur, avena y canela y llena su lonchera de yogur, frutos secos y complejos multivitamínicos. Los días que no madruga debe pasar su jornada entre el colegio y el gimnasio.

“Yo siempre digo que yo soy la de la logística y mi esposo (el empresario Javier Fungairiño) es el de la estadística, el que entiende los tiempos y todo eso, porque él fue decatlonista”, bromea Carolina.

Los dos estuvieron en las gradas cuando Aitor ganó un oro en 100 metros espalda, platas en 50 m y 200 m espalda y con los relevos 4×100 estilos mixto y 4×100 libre mixto, y un bronce en 200 m libre, donde registró además la marca A para los Juegos Olímpicos de la Juventud.

“Creo que la de bronce fue la que más me emocionó, porque es mi carrera favorita, la que más me gusta, hay que pensarla bastante bien para nadarla, y me gustó muchísimo porque fue súper cerrada. Me fascinan esas carreras que se definen en el toque de los tres, y el tiempo fue extraordinariamente bueno (1:51.92), porque por fin rompí el 1:52 que tenía ya desde el año pasado”, evalúa Aitor.

UNA ETAPA TRAS OTRA

La actuación en Cali fue tal vez como aquella prueba colegial, cuando tenía ocho años, en la que el trofeo de mejor nadador del evento le disparó el chispazo de la ambición, y lo hizo entender el valor de su don en el agua. “Él nos había hecho un berrinche a los cinco años para que lo sacáramos de karate, entonces su papá y yo lo pusimos a decidir qué deporte quería y él optó por natación. Ese trofeo le cambió la vida”.

Hasta entonces Aitor había ido quemando etapas una detrás de otra. Del club en el que se inició solo para divertirse y aprovechar sus prodigiosas condiciones de psicomotricidad, pasó a la escuela de natación del Colegio Humboldt, donde estudiaba. Luego regresó a la disciplina del club, hasta que ahí volvió a tocar techo y sus padres recibieron la recomendación de federarlo. Fue cuando ingresó, de la mano del gran Oscar Huen, al Emil Friedman.

La disciplina de una de las más prestigiosas escuelas de natación del país, y un campamento de verano a las órdenes de Tomás Victoria en Estados Unidos, pavimentaron el camino de Aitor al Metro Aquatic Club de Miami, donde se desempeña actualmente, y en el que eventualmente coincide con gigantes de las brazadas criollas como Albert Subirats, Carlos Claverie o Andreína Pinto.

“Nunca me ha gustado ser ese tipo de mamá que le mete presión a los hijos. Gracias a Dios Aitor ha tomado el control de su propia carrera”. (Foto: Cortesía)

“Yo le hablo mucho, lo ayudo a mantener el control mental y el enfoque, pero una cosa que me parece muy gratificante es ver cómo él mismo ha desarrollado ganas y motivación”, festeja Carolina, Miss Venezuela 1986.

“Contento es poco, la verdad”, confiesa él cuando se le pide el balance de su debut con la selección nacional. “Salvo los 400 m libres, los tiempos que hice son geniales. Estuve muy cerca de una marca B para el Mundial Adulto y tengo todas las marcas para el Mundial Juvenil este año, así que estoy más que satisfecho”.

El estilo espalda también le deparó tres marcas B para Buenos Aires, gracias al 58.37 con el que ganó el oro de los 100 m, el 2:07.04 que lo consagró subcampeón en 200 y el 27.50 de su plata en 50.

“Tengo que coordinar con mi entrenador de acá para poder insertar las competencias que me tocan con Venezuela, fundamentalmente el Mundial Juvenil. Para el año que viene sí tengo que esperar para coordinar, porque ya entonces estaré en la universidad, pero sin duda voy a estar en los Juegos Olímpicos”.

Extracto del artículo publicado por mechecelta.com

Edición: Academia de Natación Parque Central.

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